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“Cualquier cosa que tenga valor se pu...

“Cualquier cosa que tenga valor se puede subir a Blockchain”

  • 14-2-2019 | Wolters Kluwer
  • La presentación del libro “Criptoderecho. La regulación de Blockchain” sirvió para poner de manifiesto los grandes retos jurídicos que plantea esta figura y su posible regulación, pero también que está en puertas de su problable despliegue a gran escala.
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Carlos B Fernández. Uno de los tópicos más reiterados de nuestro sector es que tecnologías como Blockchain van a introducir cambios radicales (o “disruptivos” que es la palabra más repetida en estos casos), tanto en nuestras prácticas cotidianas como en el Derecho.

Pero conocer con precisión el alcance y las razones de ese posible cambio requiere tanto de la lectura de estudios rigurosos sobre la materia, como de escuchar a los expertos que ofrecen una visión precisa y realista de la misma y del contexto en que se producen.

Por lo que se refiere a Blockchain, ambas circunstancias se produjeron esta semana, con motivo de la presentación, en la sede madrileña del despacho Ashurst, del libro “Criptoderecho. La regulación de Blockchain”, dirigido por Pablo García Mexía.

El acto dio oportunidad, por una parte de difundir esta importante obra, referencia fundamental sobre esta materia y, por otra, de escuchar a figuras como Josep Piqué,

Tomás de la Quadra-Salcedo, María José Menéndez y el propio Pablo García Mexía.

Un mundo de intermediarios virtuales

¿Qué ha justificado la aparición de un mecanismo como Blockchain, que tiende a eliminar a muchos de los intermediarios tradicionales de gran número de operaciones civiles o mercantiles? Como explicó Josep Piqué, ex ministro y empresario, los intermediarios que tradicionalmente existían en el mercado, y cuya existencia se justificaba por la dificultad de muchos ciudadanos de acceder a la oferta de bienes existente, están desapareciendo, sustituidos por otros virtuales.

Hoy cualquiera puede, con un simple clic, acceder a la totalidad a un enorme volumen de información de alcance global y adoptar y aplicar en consecuencia nuestras propias decisiones. Sectores o actividades como el consumo minorista, las oficinas bancarias, la música o las agencias de viajes lo están apreciando con evidente claridad.

“Hoy el intermediario por excelencia es Google”, destacó, y junto a él, otros igualmente virtuales, como Amazon o las redes sociales.

Y este cambio de modelo está provocando a su vez otra consecuencia. A los factores tradicionales de producción, trabajo, tierra o industria y capital, se ha añadido uno completamente novedoso. “Hoy el principal factor de producción es el dato”, indicó Piqué.

Gracias a los datos que permanente obtienen de los cientos de millones de usuarios a los que permanentemente observan (si no vigilan), estos nuevos intermediarios se están haciendo enormemente poderosos, tanto económica como socialmente. Es preocupante, señaló, la capacidad de intermediarios como las redes sociales para encapsular colectivos en torno a unas opiniones o creencias comunes que se autoconfirman una y otra vez, evitando los mensajes contrarios o críticos con las mismas (algo de potencialmente muy graves consecuencias políticas).

Y no hay que olvidar que tras esta realidad se está desarrollando una fuerte lucha por el liderazgo tecnológico, principalmente entre los Estados Unidos y China. Si bien los primeros han sido los líderes del desarrollo tecnológico desde mediados del siglo XX, China está empeñada en un intenso esfuerzo por volver a ser la gran potencia global que fue históricamente. Algo que solo puede conseguir por medio de la tecnología. Hoy parece evidente que quien controle desarrollos como el 5G alcanzará el dominio tecnológico global, por su impacto en las telecomunicaciones y la conectividad (base de lo que será la generalización de nuevos conceptos como la Internet de las Cosas).

Nuevos interrogantes

La tecnología está favoreciendo el desarrollo de nuevas maneras de hacer y fabricar, de comprar y de consumir y también de trabajar, y esta situación tiene sus efectos directos sobre el marco jurídico en el que se basa la sociedad.

Por ejemplo, un sistema anónimo y descentralizado como Blockchan requiere un amplio debate sobre conceptos como ética y responsabilidad, tan inexorablemente unidos al Derecho. Y a este respecto Piqué destacó que si bien Blockchain no puede sustituir la interpretación del Derecho que puede realizar un experto humano, una inteligencia artificial sí podrá hacerlo.

Por todo ello, concluyó, es imprescindible profundizar en estos nuevos temas, algo que, además, añadió, es de estricta justicia.

Los problemas regulatorios de la tecnología

Amplió este tema el catedrático y también ex ministro Tomás de la Quadra-Salcedo, quien comenzó recordando que el Derecho va siempre por detrás de la tecnología. Lo cual, en unos tiempos en los que técnica permite superar los límites de la naturaleza, requiere tener en cuenta muy especialmente los principios éticos.

De la Quadra propuso el interesante ejemplo del perfilado de las personas que hoy permiten las herramientas de tratamiento de datos ¿cabría proclamar un nuevo derecho, a no ser discriminado por razón de estar incluido en un determinado perfil o categorización de la persona? Se trataría de intentar establecer los límites entre la estadística y la moral.

Y en referencia al título de la obra, combinación de cripto (oculto) y Derecho, planteó que sobre estas nuevas materias, aunque resulten oscuras o no evidentes, debe existir un Derecho.

A este respecto planteó algunas cuestiones que deberían, al menos, considerarse: ¿cómo afecta lo digital en general y Blockchain en particular al mercado? ¿Podría crearse una sociedad mercantil en la que el administrador fuese un sistema informático? ¿Qué consecuencias tiene en los contratos inteligentes o Smart contracts, la irreversibilidad de sus efectos?

A la hora de plantear una regulación sobre Blockchain, concluyó, hay que tener muy en cuenta los riesgos que puede plantear una tecnología que todavía no conocemos suficientemente y a la que un exceso de regulación, o una regulación demasiado rigursa, podría matar antes de llegar a despegar. “Tenemos que ser muy lúcidos sobre las ventajas que ofrece, pero todavía más sobre sus consecuencias”, indicó, proponiendo finalmente tener en cuenta la utilidad de los sellos de confianza y los sistemas de normalización para avanzar en esta posible regulación.

Por su parte, María José Menéndez, socia directora de la oficina de Ashurst en Madrid, apuntó que aun siendo estas tecnologías difíciles de entender para los juristas, es evidente que pronto van a estar muy presentes en nuestras vidas, por lo que hay que intentar comprenderlas y regularlas de forma que existan unos márgenes de aplicación justos y éticos, que sirvan para avanzar, en vez de para retroceder.

Menéndez añadió que es difícil subsumir en las actuales categorías jurídicas algo tan novedoso, como también lo es desarrollar un nuevo Derecho al respecto. Por todo ello, concluyó, de momento estamos en una fase de mera descripción de los problemas detectados, no todavía de su resolución.

¿Criptopesimismo o criptorealismo?

En su turno de palabra, el director de la obra, Pablo García Mexía , advirtió, de entrada que estamos viviendo unos tiempos de criptoescepticismo, pues se aprecia un gran bache entre las expectativas despertadas por la tecnología Blockchain y la realidad, que muestra que a las empresas les está costando adoptarla.

Ante este posible problema de expectativas muy prematuras, García Mexía subrayó que, en realidad, la cosa va muy deprisa, como demuestra el hecho de que hay una gran cantidad de proyectos en ciernes. Por todo ello, recomendó una postura criptorealista pues, recordando un reciente estudio de la consultora Gartner, que sitúa a Blockchain en una conocida como “fase de desilusión”, anticipó que probablemente a continuación vendrá una “meseta de madurez” en la que esta tecnología, al igual que las demás tecnologías disruptivas, cobre pleno vigor.

Y es que en su opinión, Blockchain no es aplicable solo al ámbito financiero (en el que cuenta con su mayor presencia actual). Siguiendo las ideas de los hermanos Tapscott, apuntó que “cualquier cosa que tenga valor se puede subir al Blockchain”.

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