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La preparación del testigo antes del ...

La preparación del testigo antes del juicio

Óscar FERNÁNDEZ LEÓN

Abogado

Diario La Ley, Nº 3, Sección Legal Management, 13 de Febrero de 2017, Editorial Wolters Kluwer

LA LEY 1364/2017

Jurisprudencia comentada
Ir a Jurisprudencia TS, Sala Segunda, de lo Penal, S 249/2008, 20 May. 2008 (Rec. 10983/2007)
Ir a Jurisprudencia APM, Sección 10ª, S 276/2006, 19 Abr. 2006 (Rec. 486/2005)
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Resumen

Materia tabú donde las haya, la preparación del testigo de parte por el abogado constituye una actuación delicada y la mayoría de las veces sospechosa, pues en la misma confluyen imparcialidad del primero y parcialidad del segundo. Sin embargo, como desarrollamos en la presente colaboración, una actuación profesional ética y honesta del abogado, alejada de todo adoctrinamiento o tergiversación de los hechos, no está reñida con la puesta en práctica de una estrategia esencial para que el juicio se desarrolle dentro de unos cauces fluidos. De hecho, la experiencia no engaña, y de toda la vida los abogados se han reunido con los testigos de parte para conocer su versión de los hechos y preparar la declaración. Lo contrario, sería una verdadera irresponsabilidad.

I. EL TESTIGO EN EL PROCESO

Partiendo de la ausencia de una definición del testigo en nuestras normas procesales, podemos definirlo, siguiendo la sentencia del Tribunal Supremo de 20 de mayo de 2008 (LA LEY 68707/2008)como «la persona física que, sin ser parte en el proceso, es llamada a declarar, según su experiencia personal, acerca de la existencia y naturaleza de los hechos conocidos con anterioridad al proceso, bien por haberlos presenciado como testigo directo, bien por haber tenido noticia de ellos por otros medios como testigo de referencia». Otra definición muy completa es la recogida en la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid de 19 de abril de 2006 (LA LEY 75370/2006), que lo define como «un tercero, es decir, una persona ajena al proceso, que aporta al mismo, declarando sobre ello, unos hechos que ha presenciado (visto u oído), o que le han contado».

De ambas definiciones podemos extraer las siguientes características:

  • 1.ª El testigo siempre es persona física, requisito derivado de la capacidad de percepción del que solo gozan las personas físicas frente a la ficción que representa toda persona jurídica.
  • 2.º El testigo es siempre tercero con relación al proceso, tanto por su forma de intervenir en el proceso como por su falta de identificación con cualquier otro actor del proceso (el testigo, la parte procesal, el perito, el abogado y el procurador).
  • 3.º El testigo aporta su percepción individual: El testigo está obligado a expresar la razón de ciencia de lo que diga al responder sus preguntas (art. 370.3 LEC (LA LEY 58/2000)), lo que guarda relación directa con la expresión del cómo, cuándo, y dónde se percibió lo que se declara, información ésta que deriva de las explicaciones y aclaraciones que dé al testigo, a los letrados y al juez durante el interrogatorio.
  • 4.º El testigo aporta una percepción histórica procedente del pasado.
  • 5.º El testigo aporta una percepción objetiva e imparcial, alejado de la visión e intereses personales de las partes, estando obligado a declarar la verdad de los hechos constatados.

II. LA IMPARCIALIDAD DEL TESTIGO

En nuestro ordenamiento la figura del testigo se encuentra concebida como la persona que aporta al procedimiento una percepción objetiva e imparcial, alejado de la visión e intereses personales de las partes, estando obligado a declarar la verdad de los hechos constatados. Así parece deducirse de su exigua regulación en nuestras leyes procesales y, muy especialmente, de la regulación de las tachas y del contenido de las preguntas generales de la ley (estas últimas en ambos órdenes).

No obstante la imparcialidad proclamada por el ordenamiento, es preciso analizar (que no cuestionar), la forma en la que se proyecta dicha imparcialidad en el proceso y más concretamente, en el acto del juicio.

Efectivamente, los abogados y los jueces saben que la imparcialidad del testigo se encuentra condicionada a la versión que éste ofrezca en sala. Así, encontraremos a testigos cuya versión favorece la línea de defensa de una parte frente a otros cuya versión es contraria u opuesta a la misma. En estos casos estamos hablando de testigos favorables, que suelen ser propuestos por la parte interesada en su testimonio, y de testigos hostiles, generalmente propuestos por la parte contraria. De hecho, ambas modalidades suelen denominarse «testigos de parte», refiriéndose a la parte que los propone.

Y a este respecto, Baytelman nos aporta un interesante punto de vista: los testigos que aporta cada parte a juicio son testigos que tienen una predisposición favorable respecto a la teoría del caso que esa parte sostiene, en tanto a que la versión de ese testigo es consistente con la del abogado que lo propone como prueba. Por lo tanto, el testigo, por razón de su versión y afinidad con la línea de defensa de la parte que lo propone (precisamente por la idoneidad de la versión con dicha línea de defensa) actuará en el proceso de forma imparcial, si, pero con una predisposición hacía el abogado que lo ha propuesto y con el que se ha generado una inevitable sinergia que conduce a que el testigo perciba a esa parte en términos amigables, pues ambos defienden el mismo relato de los hechos que el testigo cree. Por el contrario, el mismo testigo verá a la parte contraria, representada en el acto por el abogado adverso, de forma si no hostil, si con desconfianza, pues no solo mantendrá una versión de los hechos contraria a la suya, sino que además es consciente de que durante el interrogatorio el abogado tratará de desacreditar su testimonio. Precisamente, de esta diferencia de percepción nacen las instituciones del interrogatorio directo (examination in chief) y del contra interrogatorio (contraexamination), que se realiza al testigo favorable o contrario a la línea de defensa respectivamente.

Por lo tanto, podemos pensar que, al menos desde una aproximación a las partes, los testigos son parciales o, al menos, no son todo lo imparciales que presumíamos, puesto que se encuentran comprometidos con su versión de los hechos, que además es coherente con la de la parte que lo ha propuesto. Parciales, sí, pero no carentes de honestidad y buena fe, pues acceden al proceso con la voluntad clara de narrar lo que ellos conocen y en lo que verdaderamente creen.

III. ¿PUEDE EL ABOGADO REUNIRSE CON EL TESTIGO Y PREPARAR SU DECLARACIÓN?

Partiendo de la distinción realizada en el párrafo anterior, la siguiente cuestión que se plantea es si el abogado puede reunirse con el testigo a fin de conocer su versión de los hechos y, dando un paso más, y una vez decidida la proposición del mismo como prueba testifical, si es posible y lícito reunirse con dicho testigo para la preparación de la prueba.

La práctica profesional del abogado, desde tiempos inmemoriales, contempla la reunión con el testigo como una actuación imprescindible para abordar con garantías su intervención en juicio. El fundamento de la reunión de preparación del testigo reside en que es necesario, primero, conocer la versión de los hechos para tomar la decisión sobre la proposición del mismo como medio de prueba y, en segundo lugar, y una vez adoptada tal resolución, es inexcusable conocer toda la información de la que dispone un testigo a fin de que esta pueda suministrarse en juicio de forma clara, concisa y centrada en hechos relevantes.

Naturalmente, nos estamos refiriendo a testigos que serán sometidos al interrogatorio directo, es decir, a aquellos cuya versión es favorable a la mantenida por la defensa que lo interroga. Si bien nada impide que pudiera mantenerse una reunión con el testigo hostil, es lógico pensar que éste jamás se aventurará a reunirse con el letrado de la parte que sostiene una versión contraria a la suya.

Ahora bien, y esto es fundamental, cuando hablamos de reunirse y preparar al testigo, no nos estamos refiriendo a realizar una actividad dirigida a adoctrinar al testigo invitándole a declarar algo ajeno a su relato, o lo que es lo mismo, predeterminar el contenido de la declaración, imponiéndole la narración más conveniente para los intereses del litigante. Como puede intuirse, esta acción constituiría una actuación falta de ética e ilícita, que podría dar lugar a consecuencias tanto en el orden disciplinario como en el orden penal, pues poco más o menos que estaríamos creando un testigo destinado a cometer un delito de falso testimonio.

Por tanto, cuando hablamos de la preparación del testigo, nos estamos refiriendo a una preparación ética que respete las reglas de juego del proceso y, por supuesto, la integridad de su testimonio.

IV. BENEFICIOS DE LA PREPARACIÓN DEL TESTIGO

Antes de entrar en el contenido de la preparación del testigo, vamos a destacar aquellas razones por las que es más que recomendable la misma:

  • 1.º Nos permitirá conocer la versión de los hechos a fin de cotejarla con la versión que defiende la parte que representamos.
  • 2.º Podremos evaluar la fiabilidad de su testimonio a través del conocimiento de sus relaciones con las partes, fuente de conocimiento de los hechos, antecedentes personales, etc.
  • 3.º Observaremos el lenguaje verbal y no verbal del testigo y así conoceremos las cualidades o defectos de comunicación que presumiblemente surgirán durante el interrogatorio.
  • 4.º Igualmente, conoceremos su personalidad y carácter, lo que nos ayudará a prevenir que incurra en determinadas conductas nocivas que perjudiquen su credibilidad.
  • 5.º Conoceremos si ha tenido alguna otra experiencia procesal como testigo o parte.
  • 6.º Nos aseguraremos que el testigo rinda un interrogatorio exhaustivo y convincente para que salga airoso del interrogatorio de la parte adversa.

En definitiva, dispondremos de una radiografía de los hechos de la versión del testigo y del propio testigo en aquellos aspectos vinculados al testimonio (comunicación, personalidad, experiencia, antecedentes, etc.), lo que nos permitirá llevar a cabo un interrogatorio en el que consigamos los objetivos propuestos sin dificultades (acreditar al testigo y al testimonio).

V. ¿CÓMO PREPARAR AL TESTIGO?

La preparación del testigo parte naturalmente de una primera reunión en la que, tras ser presentado por la parte (lo más habitual), es examinado a fin de conocer su versión de los hechos y, sobre la base de esta información, decidir si contaremos con su testimonio en juicio.

Durante esta reunión, que llamaremos indagatoria, es preciso ser muy claro, comedido y respetuoso, pues es fundamental que el testigo no piense que el abogado pretende que modifique su testimonio en determinado sentido. Todo lo contrario, pues lo que hay que hacer es, antes que nada, indicarle que nos estamos planteando proponerlo como testigo y queremos conocer su versión de los hechos, debiendo limitarse a exponer la verdad de lo que ha percibido. De esta forma el potencial testigo se relajará y colaborará ofreciendo el relato de los hechos que constituye su versión. En definitiva, de lo que se trata es de alejar el fantasma de una actuación profesional poco ética por parte del profesional.

Acto seguido hay que conocer con detalle su relato y las razones de su conocimiento, y lápiz en mano, ir detectando las fortalezas y debilidades del testimonio, así como cualquier detalle que pueda ayudarnos a preparar un interrogatorio verdaderamente efectivo. A partir de ahí, el abogado tendrá que evaluar los riesgos y decidir, sobre la marcha o en un estadio posterior, si proponerlo o no como testigo.

Caso de que se resuelva proponerlo como testigo, deberán llevarse a cabo con el testigo cuantas reuniones sean precisas para la preparación de la declaración en juicio. En todo caso, deberá llevarse a cabo una reunión en fechas cercanas al día de la vista, ya que de este modo es más fácil que el testigo tenga la información fresca y, en consecuencia, sea más sencilla la exposición de un testimonio claro y sin fisuras.

En esta segunda fase (partiendo de que el testigo nunca ha asistido a juicio), el abogado deberá abordar los siguientes temas:

Contexto en que entra su declaración y simulacro: Una vez se exponga al testigo cómo encaja su declaración en el contexto del procedimiento, es necesario repasar junto al mismo el interrogatorio que tengamos previsto, llevando a cabo una especie de simulacro de su intervención. De esta forma el abogado podrá anticipar situaciones problemáticas y conflictivas del testimonio previsto (bien sea por defectos de comunicación o por temas en los que no convenga preguntar por no ser de interés para la defensa) y dar soluciones a las mismas. Igualmente, el testigo se familiarizará con el testimonio y anticipará esas posibles situaciones de dificultad y cómo corregirlas. En definitiva, se trata de que el testigo pueda controlar su declaración y que el abogado se limite a realizar las preguntas previstas.

Concluimos señalando que este es el momento de sugerir al testigo que su declaración deberá centrarse en responder con concreción las preguntas que se le hacen, obviando divagaciones o consideraciones personales innecesarias, e incluso es conveniente recomendarle que se ciña a la verdad y no se le ocurra acomodar la respuesta a lo que él pueda considerar qué interesa a la parte que lo interroga. De igual modo, no es lícito solicitar al testigo que acomode sus respuestas al contenido que se desea por la parte.

Contexto: Se informará al testigo del lugar en el que se va a realizar la declaración, es decir, la sala del juzgado o tribunal, describiéndole la misma con el fin de que se familiarice con el lugar en el que tendrá que declarar. La situación del juez y de los abogados; el lugar en el deberá colocarse y realizar su declaración; la ubicación de las partes, etc. La idea es que el testigo, antes del juicio, ya se haya hecho una idea muy completa de una sala de vistas. Esta información es muy importante, pues el testigo ganará con ello confianza y, si no evitamos, sí al menos reduciremos sus nervios antes del juicio.

Actores: Es importante identificar la función que realizan quienes van a intervenir en el juicio: el juez y los abogados, las partes, etc., y la interacción que mantendrán con el testigo durante su participación en juicio.

Rol procesal: Exponer al testigo su rol procesal es clave para que el testimonio se desarrolle sin las tensiones que lleva aparejado el desconocer el papel que le corresponde en juicio. Por ello es muy conveniente informarle de su obligación de esperar a la llamada del oficial en el exterior de la sala, de jurar o prometer decir verdad, de responder a las preguntas generales de la ley, y responder a las preguntas que le realicen los abogados (en el orden correspondiente) o incluso el juez si así este lo estimare. En relación con este último aspecto, es esencial exponer en qué consiste el contra interrogatorio que llevará a cabo el abogado adverso.

Conductas de respuesta: Como complemento al rol procesal, es conveniente informar al testigo de las opciones que tiene de pedir que se le repitan las preguntas si no las entiende; solicitar al juez si puede aclarar algún extremo de la pregunta; no «pisar» a quien le está preguntando, debiendo esperar a que se concluya la pregunta, etc.

Comportamiento: A fin de facilitar un testimonio fluido y sin incidencias, es muy recomendable prevenir al testigo sobre la existencia de unas reglas no escritas de comportamiento que deberá seguir. Entre ellas destacan las siguientes: no entrar en discusiones o pendencias con el juez o con los abogados que lo interrogan, ni entrar en provocaciones de los testigos; no mirar al abogado con el que ha llevado a cabo la preparación buscando consejo o una respuesta a la pregunta, etc.

Reglas de credibilidad: Partiendo de considerar la credibilidad de un testigo como la percepción individual que se tiene sobre la veracidad de lo que transmite, es preciso informarle de los factores que pueden afectar a su credibilidad con el fin de realzarla, lo que deberá exponerse de forma llana y sencilla, tratando de transmitir que es muy importante para la credibilidad de la declaración la forma o modo cómo se declara. Entre dichos factores se encuentran el modo de presentarse ante el tribunal, los rasgos de lenguaje corporal cuando interactúa con sus interlocutores en el juicio y la manera de hablar, es decir, el tono de voz, el volumen y ritmo, y cómo va articulando su relato.

En conclusión, si el testigo está dispuesto a reunirse con el abogado antes del juicio, la responsabilidad y diligencia imponen celebrar dicha reunión, lo que redundará no solo en la mayor preparación del testigo, sino en la mejor preparación del caso.

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