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Gil Carlos Rodríguez Iglesias. In mem...

Gil Carlos Rodríguez Iglesias. In memoriam

Diego J. LIñán Nogueras

Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales. Universidad de Granada

Diario La Ley, Nº 9358, Sección Unión Europea, 14 de Febrero de 2019, Editorial Wolters Kluwer

La Ley Unión Europea, Nº 67, 28 de Febrero de 2019, Editorial Wolters Kluwer

LA LEY 1143/2019

El Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales Diego J. Liñan homenajea la figura de Gil Carlos Rodríguez Iglesias el jurista español con mayor proyección internacional recientemente fallecido. Gil Carlos Rodriguez Juez, profesor universitario, jurista y escritor ha dejado una huella imborrable a través de su aportación a la cultura jurídica y a la justicia europea.

En 2012 tuve la grata tarea de ensalzar la figura de Gil Carlos Rodríguez Iglesias con motivo de su nombramiento como doctor honoris causa de la Universidad de Granada. Un anhelado deseo guardado hasta que dejara de ser miembro de su claustro ordinario para serlo del de honor. Fueron aquellos unos días hermosos que dejaron en mí sentimientos de satisfacción por un deber de reconocimiento debido, del placer de haber contribuido un poco a la felicidad de un gran amigo y de alegría al comprobar, una vez más, que el transcurrir de los años y la lejanía geográfica no habían mermado entre nosotros y los nuestros una excelente amistad ni el deseo de compartir buenos momentos. Ensalzarlo ahora tras su temprana muerte, por honroso que sea siempre hablar de Gil Carlos Rodríguez Iglesias, está cerca de una maldición. Siento que ni siquiera el merecido elogio de su imponente figura como jurista mitigará el dolor de perder a quien fue antes que nada un querido amigo, un ejemplo de honestidad y un modelo de coherencia.

Una despiadada enfermedad ha terminado por arrebatarle la vida. Ese triste diecisiete de enero de 2019 ha dejado en la desolación a Teresa, su mujer, a sus hijas Bárbara y Elena y, en fin, a todos los suyos. Muchos de los que lo acompañamos en su despedida, y seguro que muchos de los que no pudieron asistir, compartimos un profundo y sincero sentimiento de pesar por la muerte de alguien querido, respetado y apreciado. Pero además todos compartimos el convencimiento de que España y, sin presuntuosidad alguna, Europa acaban de perder a uno de sus mejores juristas y a uno de sus más notables servidores públicos. Toda la ingente modestia de Gil Carlos Rodríguez Iglesias no ha bastado para ocultar la relevancia de la aportación a la cultura jurídica y a la justicia europea de quien ha sido el jurista español con mayor proyección internacional.

Justo es resaltar que su importante labor ha sido en buena medida reconocida con altas distinciones y honores: Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, Gran Cruz de la Orden del Fénix de la República Helénica, Gran Cruz de la Orden Nacional Estrella de Rumanía, Grande Ufficiale de la Orden del Mérito de la República Italiana, Gran Cruz de la Orden del Mérito del Gran Ducado de Luxemburgo, Grand Officier de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa, Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, entre otras. También fue distinguido como doctor “Honoris Causa” por las Universidades de Turín de Italia, Babes-Bolyai de Rumanía, El Sarre en Alemania, San Clemente de Ohrid en Bulgaria y por las españolas de Oviedo, Cádiz y Granada. Pocas semanas antes de su muerte le ha sido concedida la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort. Bien está.

Licenciado por la Universidad de Oviedo, en la que ejerció como docente, realizó buena parte de su formación en la Universidad alemana, en particular en la Universidad de Friburgo de Brisgovia, en la que ejerció también como docente. La obra de Gil Carlos quedó definitivamente marcada por esta influencia alemana. Sus razonamientos, sus principales entornos doctrinales, sus referencias jurisprudenciales y hasta sus maneras jurídicas rezuman esta decisiva influencia. Buena parte de su ingente obra científica está, por demás, publicada en alemán. Tras una etapa breve en la UAM donde se doctoró y la más prolongada y sólida en la Complutense de Madrid accedió a la categoría de catedrático de Derecho Internacional Público en 1982. Pronto ocupó la cátedra de la Universidad de Granada a la que ha permanecido vinculado veinte años, para volver en 2003 a la Universidad Complutense de Madrid, tras su regreso de Luxemburgo al acabar su función en el Tribunal de Justicia.

De esta Universidad de Granada, desde la que escribo estas líneas, ha sido Catedrático entre 1983 y 2003, aunque, a los pocos años de llegar fue llamado a ejercer la alta magistratura europea como Juez del entonces llamado Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas. Dieciocho años fue Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en “servicios especiales” en esta Universidad. Eso no impidió que dejara una profunda huella y una reconocida escuela a la que me honro en pertenecer. Pese a estar en Luxemburgo, el vínculo con la Universidad de Granada se mantuvo vivo y se hizo con los años más poderoso y fértil. Bajo su impulso y magisterio organizamos durante trece años, en colaboración con el Consejo General del Poder Judicial, los más prestigiosos Cursos de Derecho Comunitario Europeo y, en ese mismo marco de colaboración, publicamos “El derecho comunitario europeo y su aplicación judicial en España”(Civitas, Madrid, 1993) que reunió las mejores firmas jurídicas del momento, sin más contraprestación, dicho sea en honor de todos los que convocados por Gil Carlos nos implicamos en esa obra, que la satisfacción de haber contribuido a que España goce de una aplicación judicial del Derecho de la Unión de excelente nivel.

Si su temperamento personal se caracterizó por la prudencia, su carácter como jurista fue siempre el del equilibrio. Y equilibrada ha sido su proyección nacional e internacional, particularmente europea, como académico y como juez. Un equilibrio pocas veces tan brillantemente logrado. Pionero en España de los estudios del derecho comunitario, cultivó una línea de preocupación jurídica que tenía que ver con la progresiva coherencia de un ordenamiento jurídico nuevo, el Derecho comunitario europeo. Su rigurosa concepción del papel de los principios y la jurisprudencia en la categorización de la dimensión constitucional material del orden jurídico de la integración europea han canalizado buena parte de su aportación científica y judicial al Derecho de la Unión. En esta línea figuran sus análisis sobre la singularidad de las relaciones entre ordenamientos y la función de los principios que articulan esa relación entre sistemas jurídicos. Su principal producción científica se desarrolló siempre en esa línea de la relación entre órdenes jurídicos, de las relaciones jurisdiccionales entre ambos, del papel de la jurisdicción comunitaria en el enunciado de los principios que la articulan y del análisis, en fin, de todas las categorías y técnicas jurídicas que han contribuido a caracterizar a la entonces Comunidad Europea, a la Unión, como una “Comunidad de Derecho”.

No fue casual que el importante Libro Homenaje que el mundo jurídico, judicial y académico europeo le dedicó con motivo de la finalización de su paso por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea llevara como título: Une Communauté de droit. Festschrift für Gil Carlos Rodríguez Iglesias (BWV, Berlín, 2003). Como tampoco fue casual que en 2003 se le otorgara el prestigioso Premio Walter Hallstein, el Premio que lleva el nombre del primero que en 1969 preconizó la conversión de la entonces CEE en una “Comunidad de Derecho”.

Cerraba aquel importante libro homenaje la otra vertiente de su brillante impronta como juez del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. En dieciocho años (1986 y 2003) Gil Carlos Rodríguez Iglesias había dejado al descubierto que no solo era un excepcional académico y científico del Derecho, sino que estaba especialmente dotado para la función judicial en su dimensión internacional, europea. Así, de la más alta jurisdicción de la Unión ha sido juez 18 años, y de ellos Presidente durante 9 años. Por tres veces consecutivas entre 1994 y 2003 fue, en efecto, elegido por sus pares como Presidente del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, circunstancia, ciertamente, inédita en su tiempo. El Presidente Rodríguez Iglesias ha quedado inscrito así entre las figuras jurídicas más insignes e influyentes del Derecho de la Unión y de su más alta instancia judicial. Su pasión por el Derecho, la pulcritud de sus razonamientos jurídicos y la coherencia de su pensamiento jurídico explican su influencia en mucha y relevante jurisprudencia del Tribunal.

No necesitaba nada más para merecer la admiración de los juristas que sentimos un legítimo orgullo de su papel en el más importante y noble proyecto europeo actual, la Unión Europea. Pero Gil Carlos, una vez más dando una nueva lección de saber pasar esa página de su brillante historia personal y sin atisbo de vanidad alguna, volvió en 2003 a España y, ya incorporado a la Universidad Complutense de Madrid, regresó a su docencia. Algunos compañeros y amigos de Gil Carlos han lamentado, y con razón, que teniendo a tan eminente jurista no se hubiese aprovechado mejor su valía y bagaje. Pero que nada enturbie una biografía personal y profesional ejemplar y sin parangón. Quien sí supo contar inmediatamente con su prestigio fue el Comité de Ministros del Consejo de Europa que lo nombró en 2005 para presidir el “Comité de Sabios”, compuesto por eminentes juristas, que había de elaborar un importante Informe sobre “la eficacia a largo plazo del mecanismo de control del Convenio Europeo de Derechos Humanos (LA LEY 16/1950)”, en el que se perfiló el futuro del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. El Informe se presentó al Comité de Ministros en noviembre de 2006.

Incansable, siguió desplegando su buena influencia. Lo hizo como Director del Real Instituto Elcano entre 2005 y 2012, donde impulsó importantes debates y estudios, y lo hizo con todo entusiasmo y acierto como Presidente de la Asociación para el Estudio del Derecho Europeo (AEDEUR) y la Fédération internationale pour le droit européen (FIDE). Y, como siempre, prosiguió su callada labor de impulso del estudio del Derecho europeo e internacional, siempre desde el rigor y la exigencia de calidad, dirigiendo tesis y trabajos, o como Miembro del Curatorium del Instituto Max-Planck de Derecho Internacional Público y Derecho Comparado de Heidelberg y desde los Consejos asesores de las revistas internacionales de mayor prestigio (Cahiers de droit européen, Common Market Law Review, Europäische Grundrechte Zeitschrift (EuGRZ), European Journal of Law Reform, Rivista di diritto europeo, Yearbook of European Law, International Journal of Constitutional Law…) y españolas (Revista de Derecho Comunitario Europeo, Revista Española de Derecho Europeo, Revista Española de Derecho Internacional…).

A Gil Carlos Rodríguez Iglesias no se le va a olvidar. No lo van a olvidar los suyos, no lo vamos a olvidar los que hemos tenido la inmensa suerte de contar con su amistad y no lo va a olvidar la historia jurídica europea y española. No es posible olvidarlo. No querremos, ni podremos.

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